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sábado, 5 de marzo de 2011

Arrivederci Ettore

Una temporada y media, esto es lo que ha aguantado al frente del Real Madrid Ettore Messina. El siciliano llegaba a la capital de España con la etiqueta de uno de los mejores entrenadores de este lado del Atlántico, en pugna con el maestro Obradovic o el incombustible Ivkovic. Pero algo no ha terminado de funcionar.

Ettore llegaba a la sección de baloncesto con el propósito de devolver al Real Madrid al sitio que le correspondía, pero en esta temporada y media que ha estado al frente del equipo ha sido incapaz de lograr un título, ha conseguido una sola victoria en once enfrentamientos con el Regal Barcelona, la humillación sufrida en Vitoria en la Supercopa, donde cayeron por más de 40 puntos ante los de Xavi Pascual, y así podría seguir con una larga lista de hechos que puedan justificar la marcha de Ettore Messina.

Vaya por delante que estamos hablando de un hecho histórico en el club, y es que nunca antes un entrenador había dimitido de su cargo en el Real Madrid. Si bien es cierto que el conjunto blanco marcha segundo en Liga, sólo detrás del intratable Regal, se ha clasificado como primero de grupo en el TOP 16 de Euroliga por primera vez en su historia, y llegara a la final de la Copa del Rey, no es menos cierto el ambiente enrarecido que se respira en la plantilla merengue.

De sobra conocidos son los roces que se han producido entre plantilla y técnico a lo largo de la temporada, así cómo ciertas situaciones extrañas que no se debieran dar en un club del prestigio del Real Madrid, véase las formas en las que Pablo Prigioni apartó un micrófono de TVE durante un tiempo muerto. A varios jugadores no les gustó nada en absoluto la decisión del técnico siciliano de dejar sin ficha a Jorge Garbajosa para dársela a Mirza Begic, un jugador que desde que ha llegado está disputando minutos residuales dentro de las extrañas rotaciones de Messina. Otro dato: Felipe Reyes está realizando su peor temporada desde que llegara al Real Madrid allá por el verano de 2004.

Ettore Messina, después de la intrascendente pero sonrojante derrota del jueves ante Montepaschi se dirigió a la Sala de Prensa única y exclusivamente para pedir perdón a los aficionados, no admitió una sola pregunta; algo estaba pasando. A la mañana siguiente se dirigió a Juan Carlos Sánchez, director deportivo del club, para comunicarle su dimisión con carácter irrevocable. A partir de hoy dirigirá el equipo su ayudante, el también italiano Emanuele Molin.

jueves, 3 de marzo de 2011

Joe Louis y el "Blackpower"

Era el 24 de septiembre de 1935 y Ernest Hemingway describió la pelea entre Joe Louis y Max Baer cómo “el espectáculo público más repugnante fuera de un linchamiento público”. Las otras 88.200 personas que abarrotaban el Yankee Stadium de Nueva York no debían pensar lo mismo. El combate se decantó del lado de Joe Louis, el Bombardero de Detroit, gracias a un knockout del boxeador afroamericano, que dejó en el suelo y sin capacidad de reacción a un gran icono del momento, Max Baer.


Los primeros años de la vida de Joe Louis no fueron fáciles. Joseph Louis Barrows nació el 13 de mayo de 1914 en Lexington, Alabama. Cómo en la mayoría de las grandes historias, Joe nació en el seno de una familia humilde, una familia que se dedicaba a labrar los campos de algodón. Era el séptimo hijo de la familia, y para mayor drama se quedó huérfano de padre a los 4 años. Su madre rehizo su vida, y cuando Joe tenía 10 años emigraron a Detroit, de la mano de su padrastro.

El pequeño de los Louis empezó a trabajar primero como repartidor de hielo y más tarde como aprendiz de ebanista, pero sus innatas condiciones físicas para la práctica del boxeo no pasarían desapercibidas para nadie. A través de un buen amigo, Joe empezó a relacionarse con el mundo del combate. Poco a poco se iba dejando ver en un gimnasio de Detroit, donde iba fortaleciendo sus músculos a la vez que seguía ganándose la vida en actividades completamente diferentes del boxeo.

Con 20 años decidió dar el paso al boxeo profesional de la mano de John Roxborough, que sería su primer representante, y de Jack Blackburn como entrenador. Su primer combate tuvo lugar en Chicago, en 1934, ante Jack Kracken, al que derrotó sin apenas dificultades en el primer asalto. A partir de aquí comenzaría para él una carrera brillante en el mundo del boxeo. El 14 de diciembre de ese mismo año disputaría su primer combate de cierto nivel ante Lee Ramage. Joe desplegó su mejor boxeo y venció contra todo pronóstico al púgil californiano. Esta victoria marcaría un antes y un después en la carrera de Joe.

Mike Jacobs era uno de los más importantes promotores de boxeo de la época y se cruzó en la vida de Joe Louis. Ambos se reunieron en un famoso local nocturno de Detroit, The Frog Club. Allí firmaron un acuerdo que uniría a promotor y boxeador durante tres años. Gracias a este acuerdo Joe se convirtió en ídolo de masas, un espejo en el que se miraban muchos jóvenes del país. Especialmente era seguido y apoyado por la población negra de la época, ya que veían en él la oportunidad de que un hombre de su raza se proclamara por primera vez campeón de los pesos pesados.

En 1935 disputó 15 combates con el mismo número de victorias (12 de ellas por K.O.) ante rivales de la talla del italiano Primo Carnera o del guipuzcoano Paulino Uzkudun. Pero no fue todo un camino de rosas. Al año siguiente sufrió un gran revés en su carrera deportiva. Estaba en juego el entorchado mundial de los pesos pesados y cayó derrotado estrepitosamente ante Max Schmeling en el Yankee Stadium de Nueva York, en el único punto negro de su fulgurante carrera. Sin embargo no se vino abajo y volvió a disputar el título mundial, ahora ante el neoyorquino James Braddock. Y ésta vez Joe no estaba dispuesto a dejar escapar la victoria, y ésta llegó en el octavo asalto. Era el 24 de junio de 1937 y con 23 años, el Bombardero de Detroit, se convertía en el rey mundial del boxeo.

Joe Louis conservó el título durante los siguientes 12 años (record absoluto de años como campeón de los pesos pesados). Durante estos doce años, Joe se enfrentó a los mejores boxeadores del panorama internacional, saliendo vencedor de todos ellos. En ésta época también llegó la ansiada revancha ante el alemán Max Schmeling, al que venció en 1938. El combate terminó en el primer asalto y Schmeling acabó con dos costillas rotas. Justo antes de esta pelea el propio Joe dijo “No quiero que nadie me llame campeón hasta que no gane a Max Schmeling”. La amistad que unió a estos dos boxeadores se puede considerar como una de las historias más bonitas del siglo XX, pese a que la prensa internacional se empeñara en enemistarles. Max Schmeling fue fotografiado junto a Adolf Hitler en una comida y a partir de aquí cargó con el mote de “el Nazi”, pese a que nunca se afilió al partido, es más, su manager en Estados Unidos era Joe Jacobs, un judío norteamericano. Max recibió constantes amenazas para que se separara de él, pero siempre se negó, demostrando una vez más su independencia.

Con el estallido de la II Guerra Mundial, Joe se alistó en el ejército y fue recorriendo los campamentos aliados realizando exhibiciones de boxeo. Tras dos defensas del título ante Jersey Joe Walcott pretendía retirarse como campeón, pero el fisco estadounidense le obligó a seguir boxeando para devolver un millón de dólares que debía, según Hacienda. A partir de aquí inicio la cuesta debajo de su carrera, en 1950 peleó ante Charles por la reconquista del título, pero cayó derrotado de forma contundente. Su último combate se produjo el 26 de octubre de 1951 ante un joven Rocky Marciano. En ocho asaltos el púgil ítaloamericano destrozó a Joe, en la que era la tercera derrota de su carrera. Hasta aquí llegó la trayectoria del Bombardero de Detroit, un hombre que sigue manteniendo aquél record de conservar durante doce años el título mundial de los pesos pesados.

Al poco de abandonar el boxeo, Joe quedó completamente arruinado, debido a las deudas que contrajo con el fisco americano. Se le embargaron todos los bienes, y Joe probó un último intento a la desesperada. Se introdujo en el mundo de la lucha libre pero volvió a fracasar, al igual que en todos los negocios que intentó llevar a cabo tras su retirada. En los años 60 se fue a Las Vegas a trabajar como imagen publicitaria para un importante casino de la ciudad californiana.

En 1969 Joe sufrió un colapso en plena calle, y en 1970 fue ingresado en un hospital psiquiátrico en Denver. En 1977 una operación quirúrgica le dejó postrado en una silla de ruedas, y finalmente falleció en un hospital de Las Vegas como consecuencia de un fallo cardíaco el 12 de abril de 1981.